lunes, 13 de abril de 2009

La Enamorada del Mar

La Enamorada del Mar

La Enamorada del Mar

La Enamorada del Mar

La Enamorada del Mar

"Aliento, ésa es la primera cosa. Algo que respira. ¿Mi aliento? ¿El aliento de mi madre? No, algo distinto, algo más grande, más lejano, más serio, más abrumado. De esa manera floto durante algún tiempo tras párpados cerrados; soy capitán de un pequeño buque, averiguando el tiempo que hará: arietes golpeando rompeolas, una rociada de metralla sobre los valientes geranios de mi madre, o el susurro arrullador de un gran charco espejeante; el charco agita la arenisca de cuarzo de sus bordes perezosa y amablemente, como una dama que acariciara sus joyas. Quizás haya un repiqueteo de lluvia en el cristal, tal vez el viento suspire y haga probaturas con las grietas de la casa como si dispusiera de otras tantas llaves. Yo no me dejaba engañar por aquellos signos. El latido maternal del mar ridiculizaba tales falsificaciones. Como una mujer misteriosa, se encondía mucho; tenía muchos rostros, muchos velos delicados, terribles. Hablaba de milagros y distancias; podía cortejar, pero también matar. Cuando yo estaba aprendiendo a andar a gatas, mi madre me llevó a la playa para ver qué impresión me causaba. Me arrastré directamente hacia la ola que llegaba, y atravesaba ya la pared verde cuando me sujetó por los talones".

Ocean 1212-W, de Sylvia Plath.


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