jueves, 29 de noviembre de 2007

A través del espejo

A través del espejoA través del espejo, II
A través del espejo, fotografías publicadas en flickr.

"Si miramos detenidamente en un espejo corriente, observaremos a un individuo que se parece considerablemente a la imagen que de nosotros mismos tenemos; estaríamos incluso dispuestos a reconocer que somos nosotros. Esto, que podría parecer evidente, no lo es tanto; bástenos con pensar al respecto de la cara de perplejidad que pone un niño, o un perrito, las primeras veces que se topa con su imagen reflejada. Más aún, si miramos con cuidado, observaremos que cuando levantamos la mano derecha el individuo que se nos parece levanta la izquierda; si vamos peinado con la raya a la derecha nuestro presunto clon la lleva a la izquierda; si portamos un reloj de pulsera en la izquierda él lo lleva en la derecha.

Bastarían estas observaciones para que dudáramos -a un bebé ni siquiera le hacen falta-, mas nuestras rutinas son tan fuertes que seguiremos pensando que se trata de nosotros. Realmente, ¡se parece tanto a nuestras fotografías! Aunque nos resulte difícil explicar que lleve su reloj en la mano derecha cuando a nosotros nos acompaña en la izquierda, seguimos inclinados a pensar que el individuo del espejo somos nosotros. Podríamos decir que el espejo tiene la propiedad de cambiar lo que está a la derecha, situándolo a la izquierda, y viceversa. De esta forma aliviaríamos nuestra conciencia al resolver, aparentemente, nuestras dificultades. Nuestros semejantes nos ven con la raya a la izquierda y nosotros nos vemos con la raya a la derecha.

¿Cómo somos en realidad, como nos ven los otros o como nos vemos nosotros? Si nos peinamos la raya a la derecha nuestros interlocutores nos verán, ahora sí, con la raya a la derecha, y nosotros nos veremos con nuestra raya a la izquierda. ¿Nos ven ahora los otros, con nuestra raya a la derecha, tal como nos vemos nosotros en el espejo cuando nos peinamos la raya a la izquierda?

Vemos que no se han resuelto tan fácilmente nuestras perplejidades pues si los otros nos ven, cuando nos peinamos raya a la derecha, como nos vemos nosotros cuando peinamos raya a la izquierda, ¡qué poco tiene que ver la imagen del espejo con nosotros mismos! ¡Nos vemos tan raros con raya a la derecha! ¿Es posible que ellos nos vean ahora como nos vemos nosotros en el espejo cuando nos hemos peinado la raya a la izquierda? Ahora, sin embargo, nos vemos tan normales. ¿Cómo debemos peinarnos, para que los demás nos vean como nos vemos a nosotros mismos? Las dificultades acaban de empezar.

Por otra parte: si el espejo es homogéneo, ¿por qué nos parece que el espejo invierte las relaciones derecha-izquierda y, sin embargo, respeta lo que está arriba y lo que está abajo? Dicho de otro modo: ¿por qué no vemos los pies arriba y la cabeza abajo, de igual modo que vemos la mano izquierda a la derecha, y viceversa?

Descansemos por un momento de nuestra imagen especular, y hasta de nosotros mismos, para centrar nuestra atención en un renglón escrito sobre papel en la forma habitual, o sea, de izquierda a derecha; la imagen especular del mismo será un renglón escrito de derecha a izquierda, difícilmente legible. De igual modo si sobre un papel está escrita una R invertida, su imagen especular será la R habitual que todos conocemos. Sigue pareciendo que el espejo intercambia izquierda con derecha, respetando arriba y abajo; pareciera tener una predilección mágica por invertir la horizontalidad, manteniendo la verticalidad.

Imaginemos ahora que escribimos REFLEJO, pero no sobre un papel sino sobre un cristal transparente, visible por ambas caras; si tal cual lo escribimos lo proyectamos sobre un espejo, en el espejo aparecerá REFLEJO. Esta vez, misteriosamente, el espejo no ha invertido la palabra. Si acercamos la lupa de nuestro cerebro al problema que tratamos el misterio desaparece: el espejo deja a la izquierda lo que está a la izquierda, y a la derecha lo que está a la derecha; de hecho, y según las leyes de la óptica, el espejo proyecta una imagen virtual igual al objeto y simétrica respecto al plano del espejo.

Entonces, ¿por qué cuando escribimos sobre un papel nos invierte la palabra? Sencillamente porque, como el papel no es transparente, su proyección sobre el espejo exige un giro de 180º del mismo sobre un plano horizontal: no es el espejo el que ha invertido izquierda con derecha; somos nosotros los que hemos puesto las cosas del revés para posibilitar la proyección sobre el espejo. Así, por tanto, está claro que el espejo no cambia izquierda con derecha ni arriba con abajo; sin embargo nos parece que invierte la horizontalidad respetando la verticalidad.

¿Por qué nos parece esto? Volvamos con nuestra imagen especular. Cuando nos miramos al espejo, peinados con nuestra raya a la izquierda, y guiñamos nuestro ojo derecho nos parece que el individuo del espejo guiña su ojo izquierdo; en realidad nos estamos imaginando a nosotros mismos girando 180º para superponernos con el señor del espejo, y suponemos que el ojo que guiña este señor virtual es su ojo izquierdo. La imagen especular nos confunde tanto porque nosotros siempre imaginamos la superposición del objeto real con su imagen virtual, siendo esto posible, exclusivamente, cuando existe simetría respecto a un eje horizontal.

Si todas las letras fuesen como la U no nos parecería que el espejo invierte izquierda con derecha. Cuando se proyecta sobre el espejo un determinado objeto -o nosotros mismos-, siempre imaginamos los giros convenientes del objeto para que su imagen real coincida lo más exactamente posible con la especular; la no coincidencia absoluta tras este giro nos hace creer que el espejo produce una determinada alteración. No ha quedado explicado por qué no nos parece que el espejo invierte lo de arriba con lo de abajo, y viceversa.

Si una figura es simétrica respecto a un eje vertical, su imagen especular coincide exactamente con la figura; si no es así la imagen especular no coincidirá con ésta. Ahora bien, con los giros apropiados, dependiendo de la simetría de la figura, podremos conseguir la congruencia más aproximada con la imagen especular. Si esta congruencia es total en un eje vertical, persistiendo diferencias en un eje horizontal, nos parece que el espejo invierte izquierda con derecha; si la incongruencia es en un eje vertical, decimos que el espejo invierte lo de arriba con lo de abajo.

Cuando nos asomamos a un espejo, peinados con raya a la izquierda, y el señor del espejo se nos aparece con raya a la derecha es porque nos imaginamos mirando como nos mira el señor del espejo, lo cual nos obliga a girar 180º. Cualquier persona real que, mirándonos de frente, tuviese la raya a nuestra izquierda, en realidad la llevaría a la derecha. Esta misma regla, que aplicamos a los objetos reales de forma automática, también la queremos aplicar a los objetos virtuales del espejo, y aquí surge la confusión. Si el señor del espejo tiene el reloj a nuestra izquierda, aunque nos parezca que se trata de su mano derecha, quien produce la imagen especular lleva el reloj en su mano izquierda.

No podemos aplicar a las imágenes especulares las mismas reglas que a los objetos reales. Cuando miramos de frente a un individuo y observamos su reloj de pulsera, para saber en qué mano lo lleva, realizamos un giro mental de 180º para situarnos en su lugar – es decir, mirando hacia nosotros mismos -, y comprobar en qué mano nuestra quedaría el reloj. La experiencia repetida nos hace saber que si lo lleva a nuestra derecha, en realidad está en su mano izquierda. Esta rutina nos lleva a que apliquemos a la figura del espejo las mismas reglas que a los objetos reales.

Nosotros no podemos vernos a nosotros mismos directamente, pero la imagen del espejo no la podemos interpretar con las mismas reglas que aplicamos cuando vemos a otra persona. La imagen del espejo no somos nosotros tras girar 180º, que es lo que nosotros imaginamos cuando vemos a otra persona de frente para situar su raya en el pelo, su reloj, etc., etc. La imagen del espejo es como si miráramos en sentido opuesto pero sin girar 180º; es decir, lo que está a nuestra izquierda en el espejo está a la izquierda en el objeto real; igual ocurre, obviamente, con lo que queda a nuestra derecha.

Para ver la imagen de cualquier objeto en un espejo debemos situar el objeto frente al espejo, es decir, con la cara que se refleja opuesta a nosotros. Para ver esta cara, y compararla con la imagen especular, debemos girar el objeto 180º -o hacerlo nosotros-. Este giro del objeto lo podemos realizar sobre un eje vertical, en cuyo caso aparecerán invertidas las relaciones izquierda-derecha, o sobre un eje horizontal, apareciendo arriba lo que estaba abajo en el espejo, y viceversa.

Esta es una explicación más sencilla de por qué el espejo no invierte la relación arriba-abajo, abajo-arriba. Si pintamos un monigote sobre un papel y queremos proyectarlo sobre un espejo, lo podemos hacer de dos formas: girando el papel 180º respecto a un eje vertical – que es lo que se hace normalmente -, en cuyo caso se invertirá la relación izquierda-derecha, o girando el papel los mismos grados respecto a un eje horizontal, en cuyo caso la cabeza del monigote se proyectará abajo y los pies arriba, no invirtiéndose la relación izquierda-derecha.

El espejo es inocente, y proyecta lo que le ofrecemos en el mismo lugar y a la misma distancia respecto al plano del espejo; si tenemos que girar el objeto para proyectarlo, este giro será el responsable de las diferencias que observamos entre el objeto real y su imagen especular. Esto, y solamente esto, es el origen de todas nuestras perplejidades respecto a las imágenes del espejo.

Pienso que, con las explicaciones que hemos ofrecido, el lector debe estar pertrechado para responder a las preguntas que se formulaban al inicio del artículo; de hecho alguna de ellas ha sido contestada de forma explícita.

Conceptos como grande y pequeño, izquierda y derecha, arriba y abajo, son conceptos relativos. Si mañana, al despertarnos, todo, absolutamente todo, hubiese doblado su dimensión, no nos daríamos cuenta. De hecho, el metro con el que medimos también se habría duplicado, así como las longitudes de onda de las diferentes radiaciones. Siempre que decimos que algo es grande o pequeño, lo hacemos en relación a otra cosa que utilizamos como baremo de comparación. ¿La imagen especular es relativa? Si mañana todo se convirtiese en su imagen especular, ¿advertiríamos la diferencia? Esta cuestión se la dejo al lector para que la medite, esperando que pueda resolverla sin dificultades.

El movimiento también es relativo: si nos cruzamos con un coche que va a 100Km/h, y nosotros vamos a 90 Km/h, nuestra velocidad relativa es de 190Km/h; si por el contrario, el vehículo que va a 100 nos adelanta, su velocidad con respecto a nosotros es de 10 Km/h. En su teoría de la relatividad especial, Albert Einstein, enunció su principio de la relatividad, que establecía que las leyes de la Física son las mismas para todos los observadores en movimiento uniforme. Posteriormente, en su teoría de la relatividad generalizada extendería el principio a todos los observadores, sin que el movimiento relativo tuviese que ser uniforme.

A veces se ha aprovechado el enorme prestigio de la teoría y del propio autor para defender ideas absolutamente ajenas al campo de la Física. De hecho el arte, la moral, la literatura, y muchísimas otras ramas del saber, han querido encontrar fundamento para su subjetivismo en Einstein; ni que decir tiene que tales extrapolaciones están absolutamente injustificadas y carecen de todo fundamento, debiendo formar parte, más bien, de la antología del disparate.

¿Qué nos queda, si parece que hemos dicho que todo es relativo? Si bien Einstein desmontó algunos absolutos -como el tiempo y el espacio- , no es menos cierto que introdujo otros, como su principio de la relatividad, en el que dice que todas las leyes de la Física, sin excepción, son las mismas para cualquier observador -no existe ningún observador privilegiado- . Esta afirmación no tiene nada de relativa, sino todo lo contrario. No es de extrañar que Einstein tomase a mofa las interpretaciones de su teoría que elaboraban toda clase de filósofos de salón.

El estudio de la relatividad de muchos conceptos fue lo que me impulsó a escribir un artículo sobre las imágenes especulares, dado que en este caso, el asunto entrañaba, al menos para mí, mayor dificultad. Espero haber contribuido a que a partir de ahora la gente sepa mirarse al espejo".

Ernesto Sánchez de Cos Escuin


domingo, 25 de noviembre de 2007

Alfred Stieglitz, o como elevar al nivel de arte la fotografía

Alfred Stieglitz fue probablemente el primer fotógrafo que se interesó en convertir a la fotografía en una disciplina artística, como lo pueden ser la pintura o la escultura. Nacido el 1 de enero de 1864 en Nueva Jersey, pronto se mudó a Alemania con su familia, donde estudiaría fotografía, dejando inconclusos sus estudios de ingeniería mecánica. Durante estos años se dedicó a viajar por Europa retratando a campesinos o tomando instáneas de paisajes, trabajo que le valió numerosos premios y el reconocimiento de otros fotógrafos.

Pronto regresó a Estados Unidos, instalándose en Nueva York, ciudad donde desarrolló el grueso de su obra. En 1893 se casó con Emmeline Obermeyer, matrimonio del cual nació su primera hija Kitty. Gracias al dinero de ambas familias, no necesitaron trabajar para poder vivir holgadamente, lo cual fue positivo para que Alfred desarrollase su arte. De 1893 a 1896 Stieglitz fue editor de la revista American Amauter Photographer, pero hubo de claudicar, tras lo cual se interesó por el New York Camera Club convirtiendo su boletín Camera Notes en una publicación seria y de rigor.


En 1902 organizó el grupo Photo-Secession al que sólo se podía acceder mediante estricta invitación, con el objetivo de que la fotografía se convirtiese en una disciplina artística más, "como un medio de expresión individual". De 1902 a 1917 este grupo publicó la prestigiosa revista Camera Work, llevó a cabo numerosas exposiciones y contó entre sus filas con otros importantes fotógrafos como Edward Steichen o Alvin Coburn. A raíz de la formación de este grupo, de 1905 a 1917 Alfred dirigió las Little Galleries of Photo-Secession en el 291 de la Quinta Avenida, que se terminaron por conocer como las 291 por el número de la calle donde se encontraban. Stieglitz insistía en el hecho de que la fotografía pareciese fotografía, para poder abrirle un nuevo camino a la pintura en busca de mayor abstracción y subjetividad.


En 1918 se divorció de su mujer Emmeline para poco después casarse con la pintora y modelo de muchas fotografías Georgia O´Keeffe. A pesar de que el éxito les sonrío a ambos en el terreno profesional, su matrimonío se desgastó debido a la débil salud de Alfred, que sufría del corazón, obligando a Georgia a cuidarle constamente. Ella, a modo de escapada, pasaba mucho tiempo en Nuevo México para poder desentenderse de su marido.


En la década de 1930, una nueva mujer llegó a la vida del fotógrafo, Dorothy Norman, la cual posaba desnuda para él, y se convirtió en una fuerte rival para Georgia. Tanto estas fotografías como las que le tomaba a su esposa son reconocidas como los primeros ejemplos en los que se explota el potencial de fragmentos aislados del cuerpo humano mediante la fotografía.


A partir de 1937, Alfred veraneaba en el Lago George, en Nueva York, donde empleaba un cobertizo a modo de cuarto oscuro, y pasaba los inviernos en en el hotel Shelton de Manhattan junto a su esposa Georgia. Murió en 1946 a la edad de 82 años, siendo un firme apoyo para O´Keeffe como ella lo fue para él.


Las fotografías de Stieglitz con nieve, lluvia, oscuridad, u otros elementos nunca explorados en la fotografía hasta entonces hicieron impacto en la sociedad que llegó a reconocerle como una autoridad en la materia, siendo incluso premiado fuera de su país en algunos concursos pioneros. Sus fotografías nos hablan de una persona obesionada con la técnica perfecta, buscando plasmar en sus instantáneas no sólo lo que ve, si no hacerlo de un modo pictórico, empleando para ello luz y texturas a la perfección. Es por ello que se dice que, en contraste con la época en la que le tocó vivir, desarrolló un estilo pictorialista con su cámara en las más adversas condiciones, desterrando el concepto de "arte mecánico" que tantas veces se ha asignado a la fotografía.

Probablemente si él no hubiese desempeñado la labor que realizó durante tantos años de su vida para lograr difundir la fotografía y elevarla a la categoría de arte, puede que ahora siguiese siendo lo que fue antaño, tan sólo una forma de plasmar la realidad sin subjetividad ni experimentación alguna, y nos hubiesemos perdido el arte de otros muchos fotógrafos empeñados en hacer arte con su cámara fotográfica.

miércoles, 21 de noviembre de 2007

C. D. 1334, Eyaculación Post-Mortem, Sex Gang Children y Zadera en concierto

Me voy la semana que viene a Madrid a lo que bien podría ser un mini festival, pero no, son dos conciertos distintos, el primero el viernes 30 de noviembre con C. D. 1334 y Eyaculación Post-Mortem (grupo que ya he visto en directo y me muero por volver a verlos tocar), y el segundo el sábado 1 de diciembre con Sex Gang Children y Zadera. Amanda me acompañará en semejante periplo, Viveka hará de anfitriona, y algo me dice que será un GRAN fin de semana. Ya llevaba tiempo queriendo volver, ¡adoro Madrid!

viernes, 16 de noviembre de 2007

Certamen Foto H2O

Caliente

Hoy me han despertado con una buena noticia: esta fotografía, que ya había publicado no hace mucho por aquí, ha sido seleccionada en el certamen Foto H2O de la Xunta de Galicia para aparecer en un calendario del próximo año 2008 ilustrado con fotografías acerca del agua y de nuestra relación con ella. El lugar que yo elegí para realizar la foto fue Las Burgas de Ourense, el lugar más representativo de nuestra ciudad (y puede que de Galicia) de la relación del ser humano con el agua.

Lo dicho, una buena noticia con la que me han despertado hoy por la mañana, ojala todas las mañanas me llamasen para decirme cosas similares.

martes, 6 de noviembre de 2007

Soy pro, que honor

¡Ya soy pro en flickr! Ya no tengo límites en la subida de fotos, ni en la creación de álbunes y colecciones, y otros tanto privilegios tan sólo reservados para aquellos que no nos duele pagar 17€ al año por tener una galería propia en la red.

Aquí os dejo un link a cerca de algunas de las ventajas de flickr frente a deviantart (en inglés), para todos aquellos que puedan preguntarse el por qué de no haber elegido este último. Sin duda alguna, la más contundente es la primera, No Anime!, que ya cansa tanto manga hasta en la sopa. Eso sí, no dejaré de visitarla, hay mucho arte desparramado indiscriminadamente para gozo de todos.

La Máscara
"La Máscara", ve más en mi flickr, donde si no.

domingo, 4 de noviembre de 2007

La Viuda

La Viuda
"La viuda es viuda porque mató a su marido".

Sesión de fotos "La Viuda", visiten mi flickr para ver más.

Sobre cabellos

GOTA UNDÉCIMA:

Pelirrojas
Fotografía por Lilouk, retocada por mí, perteneciente a la sesión para Atelier Amoelbarroco.

Cuando acaricio el cabello de una mujer nada me importa que sea de un color u otro. Simplemente, ríe y goza mi amor. No obstante, no he podido dejar de hacer determinadas observaciones, probablemente llenas de simplicidad. Las mujer pelirrojas, según he podido descubrir, son por lo general los especímenes más vívidos de su sexo y a la vez las más volubles de carácter. Son irremediablemente coquetas: no puedes esperar de ellas más que una cosa... Algunos petulantes, llevados quizás más de un inconexo impulso de su alma que de los dictados del corazón, las tienen por mujeres muy dulces: acaban siendo decepcionados porque no supieron prever las amarguras de su elección con la necesaria dosis de autoestima que se precisa para no ser víctima de la voluptuosa veleidad de las pelirrojas. Y no son las mujeres de cabello negro, las españolas y las italianas, como creen muchos, las más apasionadas. Son, por el contrario, bastante cautas, por lo que resulta fácil que hieran aún más que las pelirrojas. He oído decir que las mujeres de cabellera negra tienen el cerebro muy grande, más que las otras, por lo cual ha de ser forzosamente un cerebro más activo: más cauto y peligroso. Disraelí (el joven) ha dicho, por ejemplo, que el espíritu de posesión en las mujeres indica amor de corazón, amor sincero. Me permito discrepar. Eso sólo indica capacidad de concentración y de pensamiento, no pasión. Pero me parece que estoy haciendo algo así como vagabundear por mi texto. Así que prefiero dejarme de más palabras y pido perdón. Mejor eso que perderme junto a mi texto. Perdernos juntos mi texto y yo.

James Mangan, Una dosis de sesenta gotas de láudano.